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Hablemos de la envidia...

Pedro Gaudiano

p_gaudiano@yahoo.es

A través de palabras que uno pronuncia, o sólo a través de algún pensamiento, la envidia es algo con lo que toda persona en algún momento se enfrenta. “No es justo que él tenga más vacaciones que yo”. “¡Los hijos de ella son tan educados! Desearía que los míos fuesen obedientes, para yo parecer mejor madre”. “Se acaba de comprar un auto 0 Km. ¡Me gustaría ser él!”



¿Qué es la envidia?
La envidia es un sentimiento negativo que surge cuando uno se compara con otra persona, y experimenta cierta tristeza por el bien del otro. Ese bien ajeno se considera como un mal de uno. El envidioso es un insatisfecho que no sabe que lo es. Consciente o inconscientemente siente rencor contra las personas que poseen algo (belleza, dinero, sexo, éxito, poder, libertad, amor, personalidad, experiencia, felicidad, etc.) que él también desea pero no puede o no quiere desarrollar. Así, en vez de aceptar sus carencias o percatarse de sus deseos y facultades y darles curso, el envidioso odia y desearía destruir a toda persona que, como un espejo, le recuerda su privación. La envidia es, en otras palabras, la rabia vengadora del impotente que, en vez de luchar por sus anhelos, prefiere eliminar la competencia.
Para que en lugar de producirse envidia surja admiración, es necesario que las cualidades que se observan en la otra persona no representen una amenaza para la propia valoración. Por eso la envidia aparece con frecuencia en ambientes marcados por la tendencia a evaluar el rendimiento de forma individualista y competitiva.
No se siente envidia hacia aquella persona que está muy lejos de uno, ya sea una lejanía en el espacio, en el tiempo o en la situación socioeconómica. Por lo general se envidia a alguien que se tiene cerca, y uno quiere ser igual o aún superior a esa persona.
La envidia siempre es mala, porque mata la caridad. La caridad se alegra con el bien del prójimo, pero la envidia termina siempre en un resentimiento o rivalidad por el éxito, logros y ventajas del prójimo. La envidia también mata la misericordia. Mientras que la misericordia se entristece con el mal del prójimo, la envidia, al contrario, puede llegar a alegrarse.


Por la JUSTICIA, uno recibe lo que merece;
por la MISERICORDIA, uno no recibe lo que merece;
y por la GRACIA, uno recibe lo que no merece.


La envidia surge de dos tendencias del ser humano: desear lo que no se tiene y compararse con los demás. A diferencia de la “envidia sana”, la envidia propiamente dicha es destructiva, origina en la persona un malestar emocional que a la vez le dificulta alcanzar aquello que envidia.



Pautas para prevenir la envidia
 Estimular la empatía, la capacidad para ponerse en el lugar del otro.
 Favorecer la confianza básica en uno mismo y en los demás, ya que la envidia se produce siempre en situaciones que son vividas como una amenaza.
 Establecer desde la infancia relaciones adecuadas con los iguales, ya que por lo general se envidia a personas que ocupan posiciones próximas, en relaciones que se esperan de igualdad.
 Aprender a relativizar las diferencias sociales y a elegir adecuadamente con quién, cómo y cuándo compararse, para evitar que dicha comparación tenga un efecto destructivo.
 Aprender a valorar con precisión la propia competencia, sin infravalorarse ni sobrevalorarse.
 Aprender a definir los fracasos como dificultades a resolver, analizando qué se puede cambiar y valorando cualquier progreso por pequeño que sea.
 El optimismo puede ayudar a prevenir importantes problemas emocionales.
 Aprender a colaborar, a dar y pedir ayuda.
 Plantearse objetivos realistas, poner en marcha acciones adecuadas para alcanzarlos, y esforzarse por superar los obstáculos que surjan, para alcanzar el éxito y el reconocimiento que necesitamos.
 Una de las mejores protecciones contra la envidia es el optimismo aprendido, acostumbrarse a centrar la atención en los aspectos más positivos de la realidad, pero sin dejar de percibirla con precisión.
 Aprender a relativizar el éxito, ayuda a generar defensas con las que poder afrontar el primer fracaso cuando éste se produzca, y adaptarse mejor a esa situación.
 Aprender a compararse con uno mismo, para adquirir el sentido de progreso.


¿Cómo salir de la envidia?
Cuanto más débil, insatisfecha o narcisista es una persona, tanto más envidiará a la gente que posea lo que a ella le falta. La envidia se cura tomando conciencia y resolviendo las propias carencias, a través de un proceso de crecimiento emocional. La persona madura no envidia a nadie. Aquí van algunas pautas que pueden ayudar a salir de la envidia:
 Conectarse con DIOS.
 Sentir el cariño y el apoyo de los seres queridos.
 Desarrollar el sentido del humor.
 Hallar la propia identidad.
 Ser consciente de qué es lo prioritario en la propia vida.
 Tolerar mis defectos y valorar mis cualidades.
 Valorar las cualidades ajenas en su justa medida.

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