Todo por la familia.

Frente a un imaginario social, que nos llega a todos…

O. Fliar. Silvia Serrentino

En el mundo moderno la evolución y el progreso van produciendo crisis.
El culto a la velocidad, el consumismo, las ambiciones en el universo de los negocios, van creando sin lugar a dudas, una cierta neurosis y psicosis que nos va invadiendo a modo de una gran “marea negra”.
Por qué decimos esto? Porque se va produciendo la extroversión de la familia hacia la calle, hacia el trabajo, porque aún cuando se está dentro de la casa, a través de la televisión se vive mirando hacia fuera.
Todo el mundo mantiene vivas en su memoria visual las espectaculares imágenes de la espantosa destrucción de las Torres Gemelas de Nueva York, donde unas tres mil víctimas inocentes, en pocos minutos perdieron la vida sin saber por qué...
El aumento de personas que consumen drogas es vertiginoso. En cuanto al alcohol, cada día cobra más víctimas por accidentes automovilísticos…
La violencia pasa de la pantalla a la realidad familiar. Las denuncias por violencia doméstica y los casos de niños maltratados, también están en permanente aumento.
Esta “marea negra” ensucia avasalladoramente la inocencia de los niños mediante la pornografía; los programas de TV que hacen apología de la violencia y de la vulgaridad, penetran en todos los hogares, a todas horas del día.
A los ancianos se les separa de la familia dejándolos muchas veces sumergidos en absoluta soledad…
La crisis familiar se inserta evidentemente, dentro del cuadro general de cambios y problemas a nivel mundial. Aparentemente, la familia y la vida sufren un menosprecio, son abatidas y deterioradas por mil factores y fuerzas diferentes, caóticas y desconectadas entre sí.
Esta crisis no nació de forma espectacular de un momento a otro. Por el contrario, se ha ido desarrollando por etapas y por un gran enunciado, ya que hemos cambiado los límites por una nefasta sentencia: “prohibido prohibir”.
Hasta acá, lo que acabamos de analizar no tiene por finalidad desanimar a quienes están llegando a esta lectura, sino por el contrario, entusiasmarlos para actuar, pues de ningún modo tenemos que posicionarnos como si se tratara de una situación irreversible, sino por el contrario, nuestro deber es concientizar para lograr dar un vuelco positivo a esta ola avasalladora y destructiva.
Como presupuesto básico para actuar en defensa de la familia, debemos comenzar señalando un aspecto muy positivo y estimulante de la realidad no suficientemente valorado. Esto es, que la mayoría de las personas viven o desean vivir, el modelo de familia ordenada, llena de vida y futuro promisorio.
No debemos quedarnos con la imagen de que la familia está en extinción, por el contrario nuestra acción debe bregar no sólo por detener este “proceso silencioso”, sino por restablecer la familia en su plenitud, como garantía y modelo para nuestros hijos y nietos, y como fundamento de todo futuro de la humanidad, sea cual sean las fórmulas que el progreso y el pensamiento humano nos depare.

"No debemos quedarnos con la imagen de que la familia está en extinción..."

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