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EL HAMBRE DE PADRE Y LA BÚSQUEDA DE LA DELGADEZ

“…..si tan solo fuera delgada….”
Los dictámenes y mitos culturales han limitado el rol del hombre, sugiriendo que la madre es importante, pero el padre es sacrificable. En los últimos tiempos, esto ha provocado una pérdida para todos los miembros de la familia. Los niños deben darse por satisfechos estableciendo un vínculo mínimo con su padre, las madres tienen que hacer la mayor parte de la tarea cotidiana que les compete a padres y madres, y los hombres se sienten ineptos e incapaces en esos roles dentro del seno familiar.
La trampa del “…. Si tan solo…”
Cuando se adopta la frase “si tan sólo fuera delgada”, se está tratando de escapar al dolor. Es paradójico que los problemas con los que me topé al tratar con pacientes con desórdenes alimenticios, en realidad, no se debían a problemas de peso u alimentación. Esos son tan sólo los síntomas. Lo que subyace está siempre arraigado en el dolor que causaron relaciones pasadas. La figura paterna es, para muchos, una fuente de desasosiego y añoranza. Las pacientes describen como siempre quisieron complacer a su padre, como siempre sintieron “que no estaban a su altura”, como usaban sus cuerpos para lograr aprobación y afecto o como ahora comen muy poco o demasiado para aplacar su tristeza. Estas mujeres han encontrado una forma aparentemente simple de solucionar su dolor su dolor por esa falta de conexión con su padre. Enuncian frases desesperadas tales como: “si tan sólo fuera delgada”,” si tan sólo pudiera dejar de comer”.
El razonamiento “si tan sólo…”constituye una manera común de expresar nuestros deseos. Queremos explicaciones simples. Asignarles causa y efecto a nuestras situaciones difíciles nos ayuda a encontrarle sentido a la vida y ponerle orden a una existencia usualmente confusa. Nos hace pensar que poseemos cierto control, ya que nos sugiere que haciendo determinada cosa, podemos cambiar otras. Una joven piensa: “Si pierdo peso, papá me respetará y estará orgulloso de mi”. El manejo del cuerpo y la comida es visto como cura, socialmente aceptable, para su hambre de padre.
Debemos recordar que el razonamiento “ si tan sólo…” tiene sentido, particularmente, en el caso de los niños. De hecho, hasta que se alcanza cierto estadio en el desarrollo cognitivo, llamado de las operaciones formales, es natural que los niños piensen en términos concretos y utilicen los patrones de razonamiento basándose en la relación lineal: A causa B que posee la relación “si tan sólo…”.Recién cuando los niños más grandes pueden conceptualizar problemas en forma más compleja, ya no sólo basan sus conclusiones en hachos concretos, sino que comienzan a recurrir a conceptos abstractos.
A pesar de que las personas con desordenes alimenticios pueden ser muy inteligentes, su razonamiento sigue varado en el estadio del
“si tan sólo…”cuando se trata de encontrar soluciones para su angustia o su baja autoestima. No son capaces de reconocer las contribuciones culturales que los llevaron a sentir esto sobre sus cuerpos o sus relaciones interpersonales en la familia. Por representar una vuelta a la simplicidad de la niñez, el razonamiento “si tan sólo…”puede ser cómodo aunque también, peligroso.
Poner el foco en la comida, el peso o el cuerpo, lo que es inherente a la expresión “si tan sólo fuera delgada”, nos ayuda a evitar ocuparnos de la realidad. Simplifica, distorsiona y esconde los problemas subyacentes. Enmascarando el problema real, el razonamiento “si tan sólo…” en realidad prolonga el dolor y la tristeza causada por relaciones disconexas, especialmente con el padre. Evita que tanto el padre como la hija enfrenten sus sentimientos y confronten sus problemas dentro del funcionamiento y la estructura familiar. Toda la culpa del hambre de padre es depositada en el cuerpo de la hija y su apetito por la comida. Promueve la creencia de que si su peso o alimentación cambiaran, la relación con su padre se tornaría más íntima. Aunque ella trate de ganar control siguiendo hasta las últimas consecuencias su razonamiento “si tan sólo...”, sus métodos ignoran las necesidades reales de su cuerpo. Pasará años odiándose por lo que percibe como su propia falta de voluntad y su cuerpo vergonzoso. Los padres o aquellos que aman a alguien con algún trastorno alimenticio tienen su propio conjunto de “si tan sólo…”, “si tan sólo comienza…”, “si tan sólo se quisiera...”. Ellos también deben salir del razonamiento A causa B. Si usted es una persona que tiene algún conflicto con la comida o está tratando de ayudar a alguien que lo tiene, cada vez que se descubre diciendo “si tan sólo…” sepa que usted va por mal camino; está simplificando y en consecuencia esta evitando los problemas subyacentes.
El Padre : un posible antídoto para la fantasía del “Si tan sólo….”
La cultura contribuye de diversas y complejas formas a la existencia de desordenes alimenticios y a la no aceptación de la imagen corporal propia. Históricamente, a la adoctrinado para que se concentre en la apariencia de su cuerpo y altere su imagen para complacer a otros. En la cultura occidental de hoy, la apariencia es considerada como un valor muy importante y estar delgada equivale a ser femenina y bella. Lo que es más, la tecnología se pone al alcance de la mujer para que logre tener el cuerpo “perfecto”. La mayoría de los expertos en trastornos alimenticios ven a estas presiones culturales y tecnológicas, que dictaminan que la mujer debe ser delgada, como la razón más importante que lleva a las jóvenes a hacer dietas y a padecer anorexia y bulimia.
El padre puede actuar de mediador y atenuar el impacto de estos dictámenes culturales. Un padre puede darle a su hija otros mensajes sobre lo que significa la belleza, el amor propio, y la imagen corporal, y estos pueden contrarrestar las fuertes influencias culturales. Se necesita el feedback correctivo de un hombre adulto para equilibrar las presiones culturales sobre lo que significa estar delgada, y ser sensual y exitosa.
Para las jóvenes, el ser delgadas se ha convertido en respuesta para una miríada de incertidumbres que tienen sobre sus vidas e identidades. Durante la segunda mitad del siglo veinte, los roles de la mujer se han expandido dramáticamente. La mujer de hoy accede a profesiones, intereses, y estilos de vida que otrora pertenecían al dominio exclusivo del hombre. Muchas mujeres de mi generación viven vidas muy diferentes a las que se imaginaban que iban a vivir, basándose en las vidas que habían llevado sus madres. Estos cambios revolucionarios han contribuido a crear el desconcierto interno y la duda que hoy se les trasmite a niñas y adolescentes.
La obsesión por la apariencia física y el peso son hoy la forma primaria de combatir dicha ansiedad. La respuesta de “si tan sólo fuera…” para solucionar los conflictos de identidad, el sentimiento de confusión y la escasa autoestima, es más frecuente que el establecimiento de vínculos fructíferos.
Los mensajes positivos de un padre pueden ayudar a que la hija enfrente las dudas que puede tener sobre lo que implica hoy en día ser mujer. Es él que puede ayudar a su hija a escoger sus valores, su identidad y que rumbo le dará a su vida. Si apoya emocionalmente a su esposa y valoriza su trabajo, tanto en el hogar como en el mundo, la madre se insertará en la familia de un modo más positivo y los hijos verán a un hombre y una mujer trabajando juntos y con eficiencia. Cuando el rol del padre es construido la hija no tendrá que asirse a las fantasías del “si tan sólo tuviera un cuerpo perfecto “para sentirse competente y exitosa como mujer y cómoda con su femineidad. Cuando más se halla satisfecho el hambre de padre menos será proclive a aferrarse a los “Si tan sólo” que conducen a la preocupación por la imagen corporal y los problemas alimenticios como solución a su búsqueda de identidad.

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