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TERAPIA DE ACCIÓN SOCIAL

El presente artículo de Cloé Madanés referido a un tipo de intervención basada en la acción social pareció de interés, en la medida que rescata, los derechos humanos, la ética y la espiritualidad, los cuales están presentes cotidianamente en el accionar de las Orientadoras Familiares que brindan su tiempo, voluntaria y desinteresadamente , en la Institución CIEF

TERAPIA DE ACCIÓN SOCIAL
La terapia de acción social es un modelo de intervención terapéutico desarrollado por Cloé Madanés, una de las terapeutas de familia más respetadas en el mundo y codirectora del Family therapy Institute de Washington D:C. La terapia de acción social se basa fundamentalmente en las ideas de autodeterminación y responsabilidad por las propias elecciones. Dicha terapia presenta la particularidad de priorizar nociones tales como los derechos humanos y la ética, y de rescatar la espiritualidad como concepto central del proceso terapéutico.
¿Qué es una terapia de acción social?
La terapia de acción social no alienta a la gente a justificar racionalmente sus actos a partir de algo más fuerte que sí mismos. Es una terapia que alienta a cada individuo a enfrentar el hecho de que son lo que han elegido ser y que deben continuar haciendo elecciones. La esencia de lo humano es el poder de elección. Cada individuo debe elegir, actuar, aunque cada vez que elegimos, cada vez que actuamos, perdemos algo, otras alternativas, otras acciones posibles. Es una terapia que está en contra de etiquetar a la gente, que está en contra de encuadrarla en categorías que proporcionan seguridad, quitándole a la persona la responsabilidad, libertad y el respeto por sí misma y por los demás.
Es también una terapia que promueve el reconocimiento de que no existen relaciones perfectas, armoniosas y de que no podemos estar totalmente libres de conflictos. Constantemente nos vemos confrontados con valores conflictivos que nos son compatibles. Es una terapia que no pretende tener soluciones para los problemas centrales de la vida humana. Una terapia que alienta el reconocimiento de las paradojas de la vida y el sentido del humor que aparece en ese reconocimiento. Terapia que no sólo lienta a cada persona a asumir la responsabilidad por su propia vida, sino también una terapia en la cual el mismo terapeuta toma la responsabilidad del trabajo de la terapia y de sus resultados.
Se trata de una terapia que no está basada en ninguna clase de determinismo sino más bien en la creencia de que, no importa en cuales circunstancias, cada individuo tiene un abanico de opciones como para pensarse a sí mismo y a las circunstancias que lo rodean. Una persona no es el producto de la biología, de las emociones, del pasado, de la familia, o del contacto social. Todas estas son influencias por las cuales cada individuo puede elegir verse afectado o rechazarlas. Es por eso una terapia que respeta la autodeterminación de cada persona.
Es una terapia que reconoce que la autodeterminación es una pesada carga para el individuo. Las cantidades de dilemas, las difíciles elecciones que se deben hacer pueden ser mejor toleradas cuando la personas tiene un objetivo, un motivo en la vida que trasciende a sí mismo. Encontrarle un sentido a la vida, ya sea en le amor, la belleza, la acción social, la compasión, hace tolerable la responsabilidad de la autodeterminación y forma parte del centro de la terapia de acción social.
¿Porqué es está una terapia de la acción social? En la medida que yo creo que eligiendo para mí mismo elijo para otros, porque todo lo que hago afecta a muchos otros, y si creo que cada uno de mis actos crea una imagen de los seres humanos como yo creo que deberían ser ; así el modo en que elijo hacer terapia es un modelo para la forma en que creo que se debería actuar.
La terapia tiene consecuencias sociales que van más allá de la relación terapéutica. La responsabilidad del terapeuta sobrepasa la relación terapéutica.
Si yo creo en la responsabilidad personal y también creo que la única realidad está en la acción , que no actuar es actuar, entonces debo reconocer que en mi terapia necesito proteger los derechos humanos y prevenir la violencia.
Evitar la acción, mantenerse neutral, es estar del lado de la violencia y del abuso.
Si creo que necesito encontrarle un significado a la vida que trasciende mis necesidades egoístas, entonces creo en encontrarle un significado a la vida para todos.
Los elementos de la acción social en la terapia:
Derechos Humanos: Un terapeuta no es un observador neutral. Tenemos nuestras propias metas, y uno de nuestros mayores objetivos es la protección de los derechos humanos de las personas con las que trabajamos, particularmente de los niños. Si no protegemos a los niños y defendemos sus derechos, a veces en contra de la misma familia, a veces en contra de la escuela o del sistema judicial nadie más los defenderá.
Ética: Los terapeutas no sólo son llamados para proteger los derechos humanos de los individuos sino también para organizar a los miembros de la familia respecto de lo que es moral y éticamente correcto. La moralidad ha entrado a la terapia. Lo que es éticamente correcto también es terapéutico.
Como ejemplo, en ningún otro lugar se necesita tanto un abordaje ético como en los problemas de violencia y abuso, que han alcanzado proporciones criticas en nuestra sociedad. Al trabajar con estos trastornos se debe tomar una posición clara respecto a las cuestiones éticas. Habitualmente nos llaman para establecer si se abusa de un niño, quién puede ser el abusador y cuales pueden ser las consecuencias para el abusador y para la familia. Luego tratar a la víctima, rehabilitar al victimario y prevenir futuros abusos. Para ser capaces de hacer todo esto, debemos guiarnos por un estricto sentido de lo que es correcto y de lo que no lo es.
Espiritualidad:
Al desarrollar métodos de trabajo en relación con los problemas de violencia, he debido confiar cada vez más en el antiguo sentido común y en la espiritualidad para resolver cuestiones de abuso que son tan viejas como la institución familiar misma. Me di cuenta de que en el ser humano, la violencia y la espiritualidad están relacionadas, tanto que algunas clases de ataques sobre una persona son ataques sobre el espíritu de esa persona. Así, al entrenar a terapeutas en el trabajo con problemas de violencia y abuso sexual, les enseño a orientar la cuestión hacia el dolor espiritual. Y me doy cuenta cuan difícil es para los terapeutas hablar sobre la espiritualidad. Todo nuestro entrenamiento como terapeutas parece haber sido elaborado para negar la existencia de algo espiritual. Podemos volver a traer la espiritualidad al campo de la terapia y aceptar que estamos llamados a curar no sólo la mente sino también el espíritu, y que sin curar el espíritu no podemos vivir en armonía con los otros.
La Familia como grupo de Autoayuda.
La terapia familiar surgió en la década del 50 como parte del desarrollo que traslado la unidad de estudio del individuo al sistema. La transición que va de la focalización en el individuo a la focalización en las relaciones entre los individuos fue difícil. Mientras los terapeutas luchaban por cambiar sus puntos de vista, algunos conceptos del abordaje individual se trasfirieron de manera inapropiada al abordaje sistémico. Se consideró a la terapia familiar como una “cura” para toda la familia que se suponía “enferma” o “patológica”. De hecho, los miembros de una familia pueden ser cariñosos u hostiles, optimistas o pesimistas, tolerantes o intolerantes, pero no existe tal cosa como una familia enferma o sana.
La familia es el grupo de autoayuda esencial. Los terapeutas invitan a las familias a la terapia para que los ayuden a solucionar los problemas del individuo que los consulta. No hay nadie que pueda ayudar o interferir tanto en el bienestar de una persona como quienes tienen con ella relaciones cercanas, con una historia, un presente y un futuro juntos. Como grupo primario de autoayuda, la familia es la unidad social de tolerancia, compasión y amor. El terapeuta modifica las relaciones reorganizando la red natural de la familia, la tribu, y apartándose luego, dejando que los miembros de la familia se cuiden y protejan unos a otros.
Una familia puede ser una organización complicada. Existen padres e hijos, padrastros e hijastros, abuelos tíos, primos, primos segundos, abuelos y tíos de segundos matrimonios, amigos de la familia, vecinos y miembros de la comunidad. El terapeuta tiene que pensar en términos de autoayuda dentro de esa red; quién puede iniciar el cambio y quién puede ayudar a quién. El terapeuta busca entrar en la red a través de quién resulta el mejor recurso para iniciar un cambio positivo en la familia.
La secuencia típica de la terapia es la siguiente. Si el terapeuta no logra progresos con un individuo o con una familia en la terapia, entonces expande la unidad. Hermanos, abuelos, tíos, primos y parientes, y por último, miembros de la comunidad, se ven involucrados en la terapia. Eventualmente se alcanza un nivel en el que se produce un cambio, porque cada vez que aparecen nuevas personas existen nuevos puntos de vista y diferentes recursos. Acomodarse a estas nuevas influencias enriquece la vida de todos.


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EL HAMBRE DE PADRE Y LA BÚSQUEDA DE LA DELGADEZ

“…..si tan solo fuera delgada….”
Los dictámenes y mitos culturales han limitado el rol del hombre, sugiriendo que la madre es importante, pero el padre es sacrificable. En los últimos tiempos, esto ha provocado una pérdida para todos los miembros de la familia. Los niños deben darse por satisfechos estableciendo un vínculo mínimo con su padre, las madres tienen que hacer la mayor parte de la tarea cotidiana que les compete a padres y madres, y los hombres se sienten ineptos e incapaces en esos roles dentro del seno familiar.
La trampa del “…. Si tan solo…”
Cuando se adopta la frase “si tan sólo fuera delgada”, se está tratando de escapar al dolor. Es paradójico que los problemas con los que me topé al tratar con pacientes con desórdenes alimenticios, en realidad, no se debían a problemas de peso u alimentación. Esos son tan sólo los síntomas. Lo que subyace está siempre arraigado en el dolor que causaron relaciones pasadas. La figura paterna es, para muchos, una fuente de desasosiego y añoranza. Las pacientes describen como siempre quisieron complacer a su padre, como siempre sintieron “que no estaban a su altura”, como usaban sus cuerpos para lograr aprobación y afecto o como ahora comen muy poco o demasiado para aplacar su tristeza. Estas mujeres han encontrado una forma aparentemente simple de solucionar su dolor su dolor por esa falta de conexión con su padre. Enuncian frases desesperadas tales como: “si tan sólo fuera delgada”,” si tan sólo pudiera dejar de comer”.
El razonamiento “si tan sólo…”constituye una manera común de expresar nuestros deseos. Queremos explicaciones simples. Asignarles causa y efecto a nuestras situaciones difíciles nos ayuda a encontrarle sentido a la vida y ponerle orden a una existencia usualmente confusa. Nos hace pensar que poseemos cierto control, ya que nos sugiere que haciendo determinada cosa, podemos cambiar otras. Una joven piensa: “Si pierdo peso, papá me respetará y estará orgulloso de mi”. El manejo del cuerpo y la comida es visto como cura, socialmente aceptable, para su hambre de padre.
Debemos recordar que el razonamiento “ si tan sólo…” tiene sentido, particularmente, en el caso de los niños. De hecho, hasta que se alcanza cierto estadio en el desarrollo cognitivo, llamado de las operaciones formales, es natural que los niños piensen en términos concretos y utilicen los patrones de razonamiento basándose en la relación lineal: A causa B que posee la relación “si tan sólo…”.Recién cuando los niños más grandes pueden conceptualizar problemas en forma más compleja, ya no sólo basan sus conclusiones en hachos concretos, sino que comienzan a recurrir a conceptos abstractos.
A pesar de que las personas con desordenes alimenticios pueden ser muy inteligentes, su razonamiento sigue varado en el estadio del
“si tan sólo…”cuando se trata de encontrar soluciones para su angustia o su baja autoestima. No son capaces de reconocer las contribuciones culturales que los llevaron a sentir esto sobre sus cuerpos o sus relaciones interpersonales en la familia. Por representar una vuelta a la simplicidad de la niñez, el razonamiento “si tan sólo…”puede ser cómodo aunque también, peligroso.
Poner el foco en la comida, el peso o el cuerpo, lo que es inherente a la expresión “si tan sólo fuera delgada”, nos ayuda a evitar ocuparnos de la realidad. Simplifica, distorsiona y esconde los problemas subyacentes. Enmascarando el problema real, el razonamiento “si tan sólo…” en realidad prolonga el dolor y la tristeza causada por relaciones disconexas, especialmente con el padre. Evita que tanto el padre como la hija enfrenten sus sentimientos y confronten sus problemas dentro del funcionamiento y la estructura familiar. Toda la culpa del hambre de padre es depositada en el cuerpo de la hija y su apetito por la comida. Promueve la creencia de que si su peso o alimentación cambiaran, la relación con su padre se tornaría más íntima. Aunque ella trate de ganar control siguiendo hasta las últimas consecuencias su razonamiento “si tan sólo...”, sus métodos ignoran las necesidades reales de su cuerpo. Pasará años odiándose por lo que percibe como su propia falta de voluntad y su cuerpo vergonzoso. Los padres o aquellos que aman a alguien con algún trastorno alimenticio tienen su propio conjunto de “si tan sólo…”, “si tan sólo comienza…”, “si tan sólo se quisiera...”. Ellos también deben salir del razonamiento A causa B. Si usted es una persona que tiene algún conflicto con la comida o está tratando de ayudar a alguien que lo tiene, cada vez que se descubre diciendo “si tan sólo…” sepa que usted va por mal camino; está simplificando y en consecuencia esta evitando los problemas subyacentes.
El Padre : un posible antídoto para la fantasía del “Si tan sólo….”
La cultura contribuye de diversas y complejas formas a la existencia de desordenes alimenticios y a la no aceptación de la imagen corporal propia. Históricamente, a la adoctrinado para que se concentre en la apariencia de su cuerpo y altere su imagen para complacer a otros. En la cultura occidental de hoy, la apariencia es considerada como un valor muy importante y estar delgada equivale a ser femenina y bella. Lo que es más, la tecnología se pone al alcance de la mujer para que logre tener el cuerpo “perfecto”. La mayoría de los expertos en trastornos alimenticios ven a estas presiones culturales y tecnológicas, que dictaminan que la mujer debe ser delgada, como la razón más importante que lleva a las jóvenes a hacer dietas y a padecer anorexia y bulimia.
El padre puede actuar de mediador y atenuar el impacto de estos dictámenes culturales. Un padre puede darle a su hija otros mensajes sobre lo que significa la belleza, el amor propio, y la imagen corporal, y estos pueden contrarrestar las fuertes influencias culturales. Se necesita el feedback correctivo de un hombre adulto para equilibrar las presiones culturales sobre lo que significa estar delgada, y ser sensual y exitosa.
Para las jóvenes, el ser delgadas se ha convertido en respuesta para una miríada de incertidumbres que tienen sobre sus vidas e identidades. Durante la segunda mitad del siglo veinte, los roles de la mujer se han expandido dramáticamente. La mujer de hoy accede a profesiones, intereses, y estilos de vida que otrora pertenecían al dominio exclusivo del hombre. Muchas mujeres de mi generación viven vidas muy diferentes a las que se imaginaban que iban a vivir, basándose en las vidas que habían llevado sus madres. Estos cambios revolucionarios han contribuido a crear el desconcierto interno y la duda que hoy se les trasmite a niñas y adolescentes.
La obsesión por la apariencia física y el peso son hoy la forma primaria de combatir dicha ansiedad. La respuesta de “si tan sólo fuera…” para solucionar los conflictos de identidad, el sentimiento de confusión y la escasa autoestima, es más frecuente que el establecimiento de vínculos fructíferos.
Los mensajes positivos de un padre pueden ayudar a que la hija enfrente las dudas que puede tener sobre lo que implica hoy en día ser mujer. Es él que puede ayudar a su hija a escoger sus valores, su identidad y que rumbo le dará a su vida. Si apoya emocionalmente a su esposa y valoriza su trabajo, tanto en el hogar como en el mundo, la madre se insertará en la familia de un modo más positivo y los hijos verán a un hombre y una mujer trabajando juntos y con eficiencia. Cuando el rol del padre es construido la hija no tendrá que asirse a las fantasías del “si tan sólo tuviera un cuerpo perfecto “para sentirse competente y exitosa como mujer y cómoda con su femineidad. Cuando más se halla satisfecho el hambre de padre menos será proclive a aferrarse a los “Si tan sólo” que conducen a la preocupación por la imagen corporal y los problemas alimenticios como solución a su búsqueda de identidad.

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